La Arquitectura en tiempos de COVID-19

La Arquitectura en tiempos de COVID-19

Todo parecía indicar que la asepsia aparente de la arquitectura moderna, de los volúmenes puros bajo el sol no era solamente ornamental y finalmente estética, sino el resultado de su visión higienista.

Ante la crisis del COVID-19, es importante dar un giro al pasado y revisar un histórico de sucesos similares en el proceso de desarrollo de las ciudades y por ende de la arquitectura edificatoria.

No es inusual considerar una pertinencia de la arquitectura moderna en los males provocados por enfermedades y pestes, el hacinamiento, la falta de servicios y otras consecuencias urbanas que contribuyen de modo catastrófico a la proliferación de estos agentes, que actualmente alcanzó dimensiones pandémicas. Si la globalización se ha naturalizado en todos los ámbitos de la vida, una peste no se podría excluir de estos alcances.

La arquitectura moderna, eliminada de atavíos, con líneas simples, acabados en las paredes, inundados de luz, conventanales vidriados de grandes dimensiones, sumamente ventiladas, puede decirse entonces que el urbanismo moderno se inició en el siglo XIX por la intervención de médicos y sus medidas de higiene.

En este orden y resumiendo, el urbanismo moderno quiso evitar la insalubridad segregando el origen de las pestilencias, que eran las viviendas de los pobres, además de ordenar sanitariamente el espacio de los ricos. Así, el urbanismo trasladó un importante problema a los arquitectos, quienes debían ocuparse de cómo proyectar viviendas higiénicas para los pobres.

El tránsito fue muy lento ya que los arquitectos estaban acostumbrados a intervenir en las mansiones y palacetes. Transcurrió una sucesión de acontecimientos que permitieron un despertar de la conciencia social.

El  despertar a acciones más directas se sucedió en Europa, durante la post guerra, con un grave deterioro a cuestas, Alemania, una de las cunas de esta arquitectura moderna, se estableció una norma de separación entre edificios que permitiera el asoleamiento de sus fachadas para evitar que el vecino proyectara su sombra sobre las fachadas que daban a zonas húmedas de baños y cocinas y se beneficiaran de la acción fungicida y bactericida del sol, la importancia de los ductos nace como parte de la solución al grave problema pululante en esos tiempos de Cólera. De este modo, todo parecía indicar que la asepsia aparente de la arquitectura moderna, de los volúmenes puros bajo el sol no era solamente ornamental y finalmente estética, sino el resultado de su visión higienista.

Uno de los padres de la arquitectura moderna Le Corbusier, promotor y gran luchador contra el ilot insalubre que sin duda, dejó una huella en la arquitectura de todos los tiempos y así, en tanto huella y memoria, en las condiciones actuales de peste global, la Arquitectura Moderna cobra gran actualidad.

La razón de esta retrospectiva mental de los hechos, se focaliza en el manifiesto de la no repetición de los errores, la reducción de los espacios de residencia y de los usos conexos del hábitat diario, caso oficinas, pasando por las mínimas áreas de los nuevos terrenos nos retroceden amenazadoramente  a las mismas condiciones de la post guerra deEuropa, es que el extremo interés en lograr el mayor potencial de uso de los terrenos está mostrando un desinterés en lo aprendido considerándolo obsoleta y anticuada, quizá.

Solo cabe la pregunta, ¿Quién da más? O mejor dicho ¿Quién gana más? definitivamente no el usuario diario, que vive sin espacio para trabajar, estudiar y comer a la vez, sin el mínimo de espacio en el que pueda disfrutar como son los jardines y espacios abiertos en los cuales descansar y recibir el sol y aire libre, distracción que provee un espacio recreativo dentro de cualquier edificio multifamiliar.

Queda entonces la experiencia sobre el pasado recibido, ¿la sabremos utilizar?

(Extractos y conclusiones)

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