Se ha hecho costumbre ver a nivel nacional obras sobrevaloradas, obras mal hechas, estudios inservibles, consultorías irrelevantes, contrataciones direccionadas, pistas de que se rompen a pedazos después de 2 años cuando deberían durar entre 40 a 100, puentes que se quiebran –o se desmoronan- y en algunos casos obras con estudios que nunca se hicieron.
Los niveles de corrupción presentados por la Contraloría General de la Republica, que significaron en el 2019 la cifra astronómica de 23 mil millones de soles de perdida para el Estado a nivel nacional dejan estupefacto a cualquiera, revelando como un sistema inmerso dentro del Estado viene jugando a lo largo de los últimos 35 años en contra del Perú.
Encontramos un modus operandi que parte de invertir en campañas fastuosas, para convencer a los mismos de siempre y soportarse en los grupos expertos entornillados en las instituciones de los distintos niveles del estado para lograrlo.
En medio del entusiasmo electoral los partidos más antiguos ofrecen hacer llegar al Perú al primer mundo, pero eso es cuento chino, el objetivo es desvestir al Estado, topar las instituciones y asegurarse que puedan seguir vigentes.
Así, vemos cómo buscan acceso a la negociación desde permisos de combis hasta apoyar las grandes inversiones, elegir proveedores como Odebrecht, el Club de la Construcción y tantos otros en las ligas menores y también hacer caer al que se opone, hasta lograr su cometido y en suma, seguir en lo mismo.
Se ha hecho costumbre ver a nivel nacional obras sobrevaloradas, obras mal hechas, estudios inservibles, consultorías irrelevantes, contrataciones direccionadas, pistas de que se rompen a pedazos después de 2 años cuando deberían durar entre 40 a 100, puentes que se quiebran –o se desmoronan- y en algunos casos obras con estudios que nunca se hicieron. Urge masificación de Perú Compras, sino todo seguirá igual porque lo toleramos los electores.
Recientemente, la pandemia develó un sistema de salud deficitario, cuya infraestructura construida se centró en el cemento, no en lo social, no en lo humano, algunas ni se equiparon, o no tenían profesionales médicos, pero si robustas columnas que alegran a la población en sus inauguraciones sin saber que nos vendían gato por liebre, hasta que llego el COVID-19 y la preocupación de los grupos políticos giró alrededor de encontrar al culpable de tantos muertos, no de la falta de equipamiento, ni de cuantas camas UCI habían.
La falta de unión de los peruanos , la falta de visión de futuro de muchos, el bajo interés por conocer que se hace con los recursos del estado entre otros, llevó a que en una década se repartieran dinero en un salón y luego te piden voltear la página, que es mejor olvidar el pasado -mejor dicho que no veamos lo que ellos hicieron o no hicieron -, buscando la manipulación mental que induce a un nivel de utilitarismo de estos electores que seguirán viviendo el día a día, sumidos en la pobreza.
Analizando esta situación de tolerancia social, concluimos en que nos hace mucho daño quizás debido a varias razones pero también a una estrategia de manipulación, distorsión de las noticias y entretenimiento vía medios formales y redes sociales, que hace que la población no se interese por la realidad del país. Si toleramos la mentira, avalamos a quienes les han fallado al Perú, condenamos a nuestras generaciones a un estancamiento y por más recursos naturales que tengamos, difícilmente enrumbaremos al Perú a ser un país del primer mundo. No a la tolerancia social de la corrupción.
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