Cuando no se toman acciones por falta de valores y principios, se muestran abiertamente álgidas falencias que desdicen la capacidad para caminar en honestidad y verdad.
La pandemia que nos azota ha bosquejado descarnadamente la realidad de totales deficiencias en todas las instancias de gestión en el país.
Los gobiernos que pasaron, y el de turno, nunca tomaron políticas de prevención, porque sus planes se enmarcaron solo para gobernar superficialmente. Sus promesas de campaña se vistieron de populismo para embaucar a los que entregaban su tiempo, trabajo y votos en las urnas.
Esos rancios políticos profesionales, muy enquistados en las instancias de poder, eran sordos, ciegos y mudos, que nunca dieron solución a las monstruosas problemáticas del país. No fueron previsivos, ni tomaron acciones para priorizar las deficiencias y solucionarlas. Se enfrascaron en avasallar a los políticos de las otras orillas con el poder ganado, pero no para apoyar el crecimiento sostenido del país.
Cuando no se toman acciones por falta de valores y principios, se muestran abiertamente álgidas falencias que desdicen la capacidad para caminar en honestidad y verdad. Se deambula entonces por conveniencias desmedidas, son seres hambrientos, ceñidos con la corona de corruptos, incapaces de buscar y hallar los problemas, encarar los errores y corregirlos.
Hoy sin las políticas de prevención para la educación, la salud, la economía, la alimentación, el trabajo, la seguridad, la vida y el ecosistema. Estamos desamparados y a la deriva, prisioneros y horrorizados, porque la pronta guerra de poderes y conveniencias políticas, personales y partidarias está en camino. Este contingente de ilusos ya están parapetados, urdiendo para ubicarse estratégicamente en las orillas del próximo año.
Ese horizonte de elecciones, pinta a candidatos de todos los tintes y colores, muy convencidos de ser los que salvaran al Perú, pero van ciegos, sordos y mudos, sin el esbozo de políticas o anteproyectos de ley que den esperanzas para la solución y salvación de nuestro Perú y su gente.
Señores, hay que orar para que Dios nos escuche, nos dé su santa bendición y proteja de la avalancha que se nos viene.
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