Hasta ahora las limitaciones de apropiación de la cultura digital en la educación superior ha consistido en replicar la experiencia pedagógica de compartir conocimientos empaquetados y con un escaso nivel de interacción para un conjunto uniforme de estudiantes en un espacio común.
Este problema mundial que aparece en la educación superior de una enseñanza presencial a una enseñanza remota de emergencia en la educación superior es una situación anómala y provisional, sin embargo está obligando a los actores de la educación a moverse hacia adelante en busca de una solución frente a tan difícil situación donde persisten los problemas de la dualidad –presencial –virtual en la universidad y nos lleva a plantear la siguiente pregunta ¿Donde podrían estar las soluciones para integrar definitivamente la experiencia holística de aprendizaje.?
La primera reacción de muchos docentes es pasar todo el contenido y la experiencia presencial al entorno virtual sin una mayor adaptación como si fuese copiar y pegar .pero es evidente que el cambio de entorno también es un cambio en las reglas. En la cultura digital menos es más, una buena creación de contenidos puede ser mejor que todo una biblioteca digital. En otras ocasiones el valor está en conectar lo que se conoce con otras expresiones del saber, no se trata de replicar la experiencia presencial en un entorno virtual, ni de trabajar pensando en la provisionalidad, esto ya pasara y volvemos al aula a hacer lo que sabemos hacer, tampoco se trata de improvisar una didáctica basada en largas sesiones teóricas en videoconferencias, acompañada luego de una tarea por correo electrónico y por último ofrecer un breve espacio de tutoría vía Whatsapp o Skype, por ejemplo tras la situación actual después de un semestre bajo la nueva alternativa improvisada con estudiantes que consumen videos educativos queda claro que un largo video es sinónimo de atención corta, no existe innovación en esa agenda .
Hasta ahora las limitaciones de apropiación de la cultura digital en la educación superior ha consistido en replicar la experiencia pedagógica de compartir conocimientos empaquetados y con un escaso nivel de interacción para un conjunto uniforme de estudiantes en un espacio común, es decir adaptarse a un modelo industrial aplicado a la educación que se expandió con fuerza a fines del siglo XX y comienzos del XXI.
Más allá de la crisis sanitaria global, es esperable que los campus universitarios sigan sufriendo cierres temporales por desastres naturales, actos terroristas u otras violencias, problemas de salud pública y todo tipo de situaciones imprevistas.
Como lograr un protocolo estándar para que el proceso de aprendizaje persista aunque no se tenga un espacio físico común donde desarrollarlo, a pesar de crisis extremas se debe de considerar otras situaciones donde una estrategia remota permanente bien diseñada, podría transformarse en una experiencia de alto valor diferencial de una universidad con respecto a otras. Situaciones adversas difíciles, bajas de último momento por enfermedad de docentes, necesidades apremiantes de último momento no previstas, estudiantes de bajo rendimiento queriendo crear su propia ruta de aprendizaje, cursos de escasa demanda que igualmente necesitan ser llevados adelante, agendas de tutorías de posgrados acciones de mercadeo en las jornadas de puertas abiertas entre muchas otras posibilidades.
Para que esto suceda, queda mucho esfuerzo por delante porque en la crisis sanitaria actual muchos estudiantes han percibido en el cambio presencial-remoto una pérdida de calidad y han pedido a la universidad que se retorne parte de su matrícula.
Es necesario trascender las taxonomías de antaño ya sea si se enseña en la universidad presencial o en una virtual parte de la solución es eliminar definitivamente la barrera entre la formación presencial y virtual ,y diseñarla experiencia académica como una única línea de tiempo narrativa multimedia expandida donde el docente y los estudiantes puedan servirse de modo colaborativo de lo mejor de ambos mundos, con un inventario de contenidos propios y en tornos surgidos de una intensa convivencia y ajustados a una secuencia de aprendizaje como ha propuesto el Banco Mundial durante la pandemia refiriéndose a la educación básica .
Quienes hemos dirigido cursos en línea en estos difíciles días de confinamiento, entre marzo y julio 2020 supimos de la importancia de la convivencia familiar, en espacios limitados, y desarrollo del trabajo académico, los problemas de conectividad, el incremento de los costos de las herramientas de comunicación, esto ha obligado a los docentes mejor preparados a entender que los ámbitos digitales requieren decisiones diferentes a las analógicas, pero también las dinámicas y los tiempos no son iguales a los que se construyen frente a frente, asimismo a obligado a tener una mayor flexibilidad y tolerancia a un posible menor compromiso en el proceso de aprendizaje donde se señala que los docentes alteraron significativamente sus dinámicas para con los estudiantes y para ellos mismos reduciendo sus expectativas tanto por la cantidad de trabajo que realizan los estudiantes como en menor medida por la calidad de ese trabajo.
Es el momento preciso para que se fomente y surja las incubadoras de ideas ágiles, laboratorios de innovación docente se debe de poner énfasis en acelerar procesos de transformación académica con mayor sentido de urgencia diseñar experiencias de aprendizaje centradas en el estudiante y no en el perfil y experiencias de docentes y gestores.
Lo manifestado es, como la opinión docente desde las necesidades de los estudiantes y también desde los gestores, no hablamos de escenarios de futuro, sino de ideas y soluciones para comenzar a ejecutar desde el presente semestre 2020-II.
Consideramos como una solución flexible entre otras, las siguientes consideraciones:
– Que un docente debe de autoexigirse en el uso de las tecnologías educativas.
– Esfuerzo individual de apropiación y adaptación a sus necesidades curriculares, más allá de la buena voluntad personal.
– Gestión de la seguridad y el respeto a la privacidad del estudiante en la gestión de sus datos.
– Tener en cuenta la accesibilidad de las tecnologías con respecto a colectivos de estudiantes con diversidad funcional.
– Que aprendizaje quiero que suceda y como quiero que suceda, cual sería más relevante.
– Cuál es la plataforma más adecuada que beneficie a docentes y estudiantes.
– La iniciación no es automática ni tiene que ver con inyectar nuevas tecnologías, sino con un proceso ambicioso capaz de integrar lo tecnológico, lo cognitivo, lo relacional y lo pedagógico.
– Cambiar el uso del tiempo y el espacio de manera flexible y creativa, es una estrategia más adecuada para el mejor entendimiento entre docentes y estudiantes.
– Fomentar en los estudiantes la construcción permanente de un portafolio personal, que otorgue visibilidad mostrando evidencias de las competencias adquiridas y acceso a las redes significativas.
– Se debe alinear los trabajos que los docentes exigen a los estudiantes, con el proyecto personal profesional de futuro del propio estudiante,
– Cual será el aporte del nuevo profesional a la sociedad, el aprendizaje en confinamiento nos enseña que la mejor educación es autónoma, desarrollando el aprendizaje personal y social y su desarrollo en el medio ambiente permite que el estudiante sea un aprendiz estratégico y sabe cómo seguirá aprendiendo el resto de su vida profesional.
– Los cambios en el panorama educativo exigirán que docentes y estudiantes posean conocimientos sobre el uso de datos, como en la analítica previas, la analítica de datos comienza a consolidarse en el mundo de la educación superior, como en la mayoría de otras iniciativas, esto permite la medición, recolección, análisis y reportes de datos con el propósito de comprender y optimizar el aprendizaje y los ambientes en que ocurre.
La responsabilidad de la universidad para repensar la conciencia crítica de nuestra especie, deberá contar con una docencia inspiradora, hacia la comunidad y conductora en la transmisión del conocimiento.
Vivimos un momento de profundas emociones, tristeza y esperanza, a la esperanza de saber que podemos ser mejores de lo que hoy somos como aporte a la sociedad y que para lograrlo es necesario apoyarnos en la comunidad, la creación colectiva, el conocimiento y la ciencia, y es la universidad la institución que mejor reúne esos valores y los docentes como gestores hacia los estudiantes.
La revolución científico –tecnológica está liderando la solución a la crisis sanitaria y la cultura digital nos ha permitido seguir socializando globalmente a pesar del confinamiento. No es un éxito menor el esfuerzo de médicos, enfermeros, epidemiólogos, infectólogos, matemáticos, cientistas sociales y educadores que nos permitirán salir adelante y poner en evidencia también a personas y corporaciones frívolas y egoístas que poco tienen para aportar a el conjunto social de nuestra sociedad humanista.
Con el crecimiento de las redes digitales, las soluciones ya no son solamente de los Estados, las corporaciones y los partidos políticos. Es el momento para que cada persona sea un ente activo de su propia red y evolucione hasta ser un factor de cambio ya que la pandemia nos trae mucha incertidumbre y nos muestra vulnerables. Se trata de un fenómeno que ocurre a una escala tan grande que nos costará entender del todo y probablemente trascenderá nuestro propio ciclo de vida generacional. La paradoja de la ciencia es que cada nuevo descubrimiento o invención sucede en paralelo nuevas ignorancias e incertidumbres. La ruta post pandemia que debe ofrecer la universidad es hacia nuevas y mejores certidumbres en un entorno híbrido que haga banal e invisible la diferencia entre el aprendizaje virtual y el presencial.





















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